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Efemérides del mes de marzo

Por marzo 1, 2021 marzo 25th, 2021 No Comments
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En esta entrada se reúnen las efemérides del mes de marzo. Se irán publicando conforme avance el mes, procurando que su publicación coincida con la fecha del día.

Primer boletín del Instituto Central Meteorológico en 1893
Primer mapa del tiempo de la Historia (The Times, 1 de abril de 1875)

1 DE MARZO DE 1893
Publicación del primer mapa del tiempo español

El 1 de marzo se conmemora la publicación en España, en 1893, del primer mapa del tiempo, como parte del primer número del Boletín Meteorológico, editado diariamente por el Instituto Central Meteorológico, antecesor de la actual Agencia de Meteorología.
Este primer mapa fue elaborado en el antiguo observatorio meteorológico del parque del Retiro y recogía datos de 48 observatorios repartidos por España, Portugal, Francia, Italia y norte de África. En él estampa su firma Augusto Arcimis, que fue primer director del Instituto y también considerado como el primer meteorólogo profesional de España.
En él se informaba del estado general del tiempo y se hacía un pronóstico para las próximas horas. También se recogían los datos de presión, temperatura, dirección y fuerza del viento, estado del cielo y estado de la mar, en los distintos observatorios.
Si bien este fue el primer mapa publicado en España, con anterioridad, el 1 de abril de 1875, el diario británico The Times publicaba el que sería considerado como el primer mapa meteorológico de la historia. Su autor fue el científico inglés Francis Galton, considerado como un gran impulsor de la meteorología, padre de la teoría de los ciclones y anticiclones y el primero en establecer un registro completo de los fenómenos climáticos a corto plazo a escala europea. En este primer mapa no se hacía predicción alguna y se limitaba a representar gráficamente la información correspondiente al día anterior facilitada por 50 estaciones repartidas por las islas británicas y el oeste de Europa. Desde la publicación de estos primeros mapas hasta el momento actual, la evolución de la meteorología ha sido muy significativa.
Teniendo en cuenta que esta ciencia, cuyo objeto es el estudio de los fenómenos que se desarrollan en la atmósfera y sus consecuencias, se basa en la dinámica de los fluidos, su desarrollo se ha visto favorecido por un lado por la evolución de las herramientas de tomas de datos (radar meteorológico, satélites geoestacionarios, estaciones meteorológicas automáticas….), por otro, por la alta capacidad de proceso de los ordenadores, que ha facilitado la resolución de las ecuaciones que rigen la dinámica de los fluidos y finalmente por el desarrollo de modelos de predicción, que permiten dar una mayor fiabilidad y utilidad a las mismas.
La importancia de la meteorología se extiende a numerosos campos de la actividad económico y social. La navegación aérea y marítima, la agroalimentación, la prevención de desastres, etc, son sólo algunos ejemplos de ello, de ahí el importante desarrollo que esta ciencia ha ido adquiriendo desde la publicación de estos primeros mapas hasta nuestros días.

Francisco de Paula van Halen (1814 – 1887). “La batalla de Toro” (hacia 1850). Archivo regio

1 DE MARZO DE 1476
La batalla de Toro. Consolidación de Isabel como reina de Castilla

A la muerte del desdichado Enrique IV, el 11 de diciembre de 1474, Castilla volvió a padecer la guerra civil. Lo que estaba en juego era la corona castellana en disputa entre dos partidos: por un lado, la única hija de Enrique IV, Juana, llamada «la Beltraneja», por suponerla en realidad hija del caballero Beltrán de la Cueva, mientras el otro partido en litigio era el de la hermanastra del rey, Isabel, casada desde 1469 con el infante Fernando de Aragón, heredero de la corona aragonesa.
Pero no fue tan sólo una disputa interna, sino que se convirtió en una disputa internacional ya que Alfonso V de Portugal, esposo de Juana, y Francia se posicionaron en el bando de Juana mientras Aragón se posicionó en el bando de Isabel. Tampoco se puede considerar una disputa dinástica ya que con Juana se alineaban los grandes nombres de Castilla, que aspiraban a seguir teniendo la corona bajo su control, y con Isabel formaban los concejos y la baja nobleza, necesitada precisamente de la protección regia frente a los grandes señores.
Si la historia en la Edad Media se puede contar como una pugna entre el poder público de la corona y el poder privado de los nobles es, aquí y ahora, en Castilla, donde Isabel representa al primer partido y Juana al segundo.
La guerra civil no tardó en estallar, doblada con otra guerra entre Portugal, que apoyaba a Juana, y el partido castellano y aragonés de Fernando e Isabel. Francia, viendo la situación, se apresuró a apoyar a Juana para mermar la eventual fusión de Aragón y Castilla.
El ejército portugués penetró en territorio castellano con la pretensión de dirigirse a Burgos, pero a la altura de Toro fue interceptado por las huestes aragonesas y castellanas de Fernando, el esposo de Isabel. Para los portugueses fue una sorpresa ya que ignoraban que el partido de Isabel tuviera tantos defensores. Los portugueses, con el mando dividido entre el rey Alfonso V y su hijo, el príncipe don Juan, no supieron actuar de manera coordinada. El resultado de la batalla fue poco claro, ya que Fernando venció a las tropas del rey portugués, pero el príncipe don Juan supo sacar partido a las suyas.
Fue entonces cuando Fernando puso en marcha otro poderoso recurso: el de la propaganda. Hizo correr por todas partes la noticia de que la victoria había sido para Isabel. Los portugueses se vieron aislados y el contingente que había quedado sitiado en Toro terminó rindiéndose en el mes de septiembre ante la evidencia de que nadie acudiría en su auxilio.
Esta batalla decidió la guerra dinástica castellana. Juana perdió todos sus apoyos y se refugió en Portugal. Sus partidarios juraron fidelidad a Isabel, aunque ésta y Fernando tuvieron que emplearse a fondo, hasta 1480, ante los nobles que no acataron en principio su autoridad. Había terminado la guerra civil castellana y se había decidido el destino final de Castilla, y con él el futuro castellano e hispánico

Martín García-Arista y Loygorri

3 DE MARZO DE 1816.
Batalla de Alcañiz y concesión de la Cruz Laureada de San Fernando a Martín García-Arista y Loygorri.

Se concede la primera Cruz de 4º clase Laureada de San Fernando a un artillero. Esta condecoración fue creada por las Cortes de Cádiz, siendo la recompensa militar española más prestigiosa. Tal honor correspondió al D. MARTIN GARCIA-ARISTA Y LOYGORRI, por su excepcional comportamiento y Victoria en la batalla de Alcañiz, el 23 de mayo de 1809.
De ella dice Gómez Arteche en su obra que «los artilleros españoles dirigidos por sus oficiales, fueron los héroes de aquella acción, cuyo resultado elevó su nombre y el del Cuerpo a la cumbre de las reputaciones colectivas más gloriosas». Por su parte el General francés Suchet comandante en la batalla de las tropas imperiales, manifestó públicamente «si los oficiales que la servían no hubiesen conservado la increíble serenidad y valor para esperar al enemigo, haciéndole fuego de metralla hasta que casi tocaba las bocas de los cañones, quizá hubieran logrado romper la línea».
Este ilustre artillero, alcanzó el grado de teniente general, fue Director e Inspector General del Real Cuerpo de Artillería, desde 1810 al 1822 donde realizó una extraordinaria labor y recuperación del prestigio de Real Colegio de Artillería. Había ingresado con trece años en el Colegio de Artillería en 1773, del que egresó con el grado de Subteniente en la décima promoción del Colegio. Su bautismo de fuego fue en 1777 en la defensa de Melilla.
Participo en el sitio de Gibraltar, la invasión de Portugal, en 1802 fue destinado como director a la Maestranza de Artillería de Sevilla y en 1808 al poco de iniciarse la guerra contra el francés, mal llamada de Independencia, se encontraba destinado en Cataluña y es ascendido en septiembre de ese año a Brigadier, siendo nombrado Mayor y Comandante General de Artillería del Ejército de Cataluña, Aragón y Valencia. Participó en las diversas batallas que en Cataluña se realizan en esa época, alcanzando un gran prestigio por su eficacia y gran conocimiento de su oficio. De todas ellas, en la de Alcañiz alcanzo gloria para el Cuerpo de Artillería por su actuación.
Al finalizar la guerra alcanza el empleo de teniente general en 1815, continuando en al mando de la Dirección General de Artillería que venía ostentando desde 1812 y que continuo hasta 1822.
En ese periodo, recogiendo las inquietudes de los oficiales del Cuerpo de Artillería, se logró el traslado de los restos de los heroicos Capitanes de Artillería D. Luis Daoiz y D. Pedro Velarde, héroes del 2 de mayo.
El 9 de septiembre de 1822 dejó el más alto cargo del Cuerpo de Artillería, falleciendo en Madrid el 30 de enero de 1824. La Academia de Artillería conserva su retrato, pintado por Martínez Cubells.

Situación de la isla de Guam
Plaza de España en Agaña

6 DE MARZO DE 1521
Descubrimiento de la isla de Guam

La isla de Guam fue descubierta el 6 de marzo de 1521, por Fernando de Magallanes, siendo llamada inicialmente Isla de los Ladrones, por la conducta poco respetuosa con lo ajeno que demostraron sus habitantes. Pigafetta redactó así el avistamiento «Después de haber corrido setenta leguas en esta dirección, estando hacia el 12º de latitud septentrional y por el 146º de longitud, el 6 de marzo que fue miércoles, descubrimos al Noroeste una islita, y en seguida otras dos al Suroeste».
La isla fue visitada posteriormente por otras expediciones españolas, como la de Miguel López de Legazpi, quien tomó posesión de ella en nombre de la Corona Española en 1565, camino de Filipinas. Es la más meridional del archipiélago de Las Marianas, así nombradas por Doña Mariana de Austria, esposa de Felipe IV.
La Isla de Guam, o Guajam para los chamorros, que así se denominan sus naturales, era de obligada parada desde Méjico a Filipinas, porque se encuentra aproximadamente en el mismo paralelo que Acapulco, puerto desde donde habitualmente salían las naos con rumbo a Filipinas. Su capital, Agaña (con eñe) actualmente, era la sede del gobernador español y aun sigue siendo la capital de la isla.
La presencia española en Guam, dependiente de la Capitanía General de Filipinas nunca fue intensa, aunque si suficiente para garantizar la soberanía española y la recalada de las naos en dirección a Filipinas. Aunque la administración española fue tardía y escasa, hubo en Agaña incluso un registro de la propiedad en aplicación de la Ley Hipotecaria para Filipinas de 1889.
La herencia española aún persiste, no solo en restos de construcciones, sino en aspectos intangibles como la religión católica: la catedral de Agaña se llama Dulce Nombre de María; así como los nombres de los habitantes, la actual gobernadora se llama Lourdes León Herrero y se habla el chamorro, un dialecto indígena con numerosas de palabras españolas.
Guam es uno de los Territorios no incorporados» de los EEUU, y se encuentra en la Lista de la ONU de los «Territorios no autónomos», pendientes de descolonizar. Su actual estatus no es definitivo. Desde un punto de vista militar, los Estados Unidos tienen en Guam una base que ocupa la mitad norte de la isla, y es de gran importancia para los intereses norteamericanos. Fue objeto de intensos combates durante la guerra del Pacífico en la II GM. La ocupación norteamericana se remonta al 20 de junio de 1898 por el navío norteamericano USS Charleston.

Bandera del I Tercio de la Guardia Civil

8 DE MARZO DE 1854
S. M. la Reina Isabel II concede su primera Bandera a la Guardia Civil

El Cuerpo de la Guardia Civil se nutrió, desde su fundación, con soldados veteranos o licenciados con honores. Por este motivo, la concesión del derecho al uso de la Enseña Nacional no era una cuestión acuciante, puesto que no era preciso que sus componentes prestaran el juramento ante la Bandera.
Sin embargo, transcurridos sólo unos años, las necesidades de personal y el agotamiento de la fuente de recluta original provocaron que sistema de alistamiento de la institución se ampliaría a otro personal, entre los que se encontraban tanto huérfanos e hijos del Cuerpo -integrantes de la Compañía de Guardias Jóvenes- como quintos y una parte del contingente general de reemplazo. Ninguno de ellos cumplía con la obligación de todo militar de prestar el juramento a la Bandera antes de realizar ningún tipo de servicios de armas.
Este cambio provocó que el duque de Ahumada, Inspector General de la Guardia Civil dirigiera, el 22 de diciembre de 1853, una carta al ministro de la Guerra solicitando que se concediera, “al Cuerpo de su cargo, el uso de Bandera como a los regimientos del Ejército”. Especificaba la solicitud que la concesión del derecho al uso lo sería para el 1er Tercio, como Unidad más representativa de la institución.
Ante esta solicitud, y una vez oído el dictamen de la sección de Guerra del Consejo Real, la monarca accedió a la pretensión de Ahumada, no sin antes especificar que las características de la Enseña deberían ajustarse en cuanto a las medidas del tafetán y asta, a lo prescrito en las Ordenanzas; y respecto de lo demás, a la Real Orden de 13 de octubre”, sin dejar de observar, lo que establecen las mismas Ordenanzas para la bendición de la insignia, “cuya ceremonia ha de preceder a su uso”. Por último, S.M. establecía que, conforme a lo mandado por las Ordenanzas, la Bandera sería llevada por el Subteniente más moderno del Tercio.
La primera Bandera de la Guardia Civil fue custodiada por el 1er Tercio de manera ininterrumpida, por lo que fue necesario variar su diseño al establecerse las variaciones en el Escudo de armas, tanto a la llegada al trono de Amadeo I como al advenimiento de la República, conforme a los Decretos de 30 de marzo de 1871 y de 2 de diciembre de 1873. La llegada al trono de Alfonso XII devolvería a la Bandera su diseño original, según Decreto de 6 de enero de 1875.
La Bandera permaneció en el 1er Tercio hasta que, mediante una Real Orden de 16 de marzo de 1910, se dispuso que se custodiara “por el 14º del expresado Cuerpo que tiene sus Comandancias reunidas en esta Corte”.
Desde este momento, Bandera más veterana de la Guardia Civil será custodiada por el 14º Tercio, ya con esa denominación o con las posteriores de “1er Tercio Móvil” o la actual como “Agrupación de Reserva y Seguridad”.

Pedro Antonio de Alarcón
Portada de "La guerra de África" (P. A. de Alarcón)
"Lucha en los bosques por el rescate de un moro muerto" (de un croquis)

10 DE MARZO DE 1833
Nace en Guadix, Granada, don Pedro Antonio de Alarcón

Pedro Antonio de Alarcón comienza a estudiar Derecho, si bien debido a la precaria economía familiar tiene que dejar su formación universitaria e ingresar en el seminario. Allí descubre su verdadera vocación, la literatura, publicando sus primeros escritos. A principios de 1853 abandona el seminario dedicándose de lleno a la actividad literaria frecuentando diversas tertulias en su ciudad natal. En 1854 se declara se declara a favor del pronunciamiento de O’Donnell y participa en los disturbios revolucionarios de Granada, colaborando en la publicación de La Redención. En Madrid sigue frecuentando estos ambientes y dirige el periódico El Látigo, que ataca directamente a la reina Isabel II. Es entonces cuando tiene un enfrentamiento con el escritor venezolano José Heriberto García de Quevedo que le lleva a batirse en duelo. Alarcón falló el disparo y el escritor venezolano le perdonó la vida. Este suceso afectó profundamente al autor, quien cerró la edición de El Látigo y abandonó las ideas y las actividades revolucionarias. También en Madrid entabla amistad con el general Antonio Ros de Olano, militar y escritor, que siendo ministro de Instrucción Pública fue el propulsor de la enseñanza primaria y creador de las Escuelas Normales.
En octubre de 1859 Leopoldo O’Donnell, presidente del Gobierno, declara la guerra al Sultán de Marruecos como consecuencia de las agresiones sufridas en este Territorio. La sociedad española acogió la guerra con entusiasmo, todos los grupos políticos apoyaron la campaña, creándose una corriente de patriotismo. Pedro Antonio de Alarcón no es ajeno a este movimiento e, influido por su relación con el general Ros, decide participar en la campaña a pesar de que ya estaba excluido del servicio militar.
El 22 de noviembre de 1859 se alista como voluntario en el Batallón Cazadores de Ciudad-Rodrigo, N.º 9. Desembarca en Ceuta y participa en diversas operaciones, recibiendo por sus méritos la Cruz de María Luisa. Como consecuencia de la herida de bala que recibe en un pie pasa a prestar sus servicios en Cuartel General como ordenanza. Participa posteriormente en la batalla de los Castillejos y en la acción de Guad-el Jelú, por la que recibe la Cruz de San Fernando. En 1860 regresa a la Península.
Durante este periodo africano se dedica a escribir un diario con los acontecimientos que presencia. Estas crónicas se van publicando por entregas en la revista ilustrada El Museo Universal y finalmente se editan como su libro más conocido: Diario de un testigo de la Guerra de África. Ante la carencia de un fotógrafo, como fue su primera intención, realiza bocetos que luego son retocados en España para las ilustraciones que acompañan al texto.
El relato va más allá de la mera crónica de la guerra, entrando en detalles costumbristas que reflejan las peculiaridades de los diferentes contingentes que integran el ejército expedicionario como los Voluntarios Catalanes, los Regimientos de Castilla o los Tercios Vascongados y el día a día de la vida de los soldados. De alguna manera traza un reflejo de lo que era la sociedad de la época. Todo ello impregnado de un elevado patriotismo que se corresponde con el sentimiento que imperaba en España con respecto a la campaña. No se trata en ningún caso de un análisis militar de las operaciones, aunque su puesto próximo al general Ros de Olano le pudo ofrecer esta oportunidad.
La obra constituye un precedente de lo que después serán los cronistas de guerra, realizando un relato que nos permite tener hoy en el siglo XXI una visión objetiva y detallada del conflicto.

Primera Promoción de pilotos militares en Cuatro Vientos (Foto: Nuevo Mundo 12/10/1911)
El coronel Vives conversando con el general Banús (Foto: el Mundo Militar, nº 115, 31/03/1911)

15 DE MARZO DE 1922
Reorganización de la Aeronáutica Militar

Por Real Decreto, de 15 de marzo de 1922, se reorganiza la Aeronáutica Militar con dos Servicios, de Aerostación y Aviación

GESTACIÓN DE LA AVIACIÓN MILITAR
Como ha sido generalmente admitido, en la práctica, la Aviación Militar española vio la luz el martes 7 de marzo de 1911, fecha en la que se conmemora su centenario, siendo éste el criterio mantenido por la mayoría de los Jefes de Aviación en los distintos aniversarios celebrados (cincuenta y setenta y cinco años), criterio reiteradamente puesto de manifiesto en los numerosos actos oficiales en los que ha sido necesario hacer referencia a su nacimiento.
El ministro Luque (en febrero de 1913) presentó un proyecto de ley creando la Aeronáutica Militar, que comprendería dos ramas: Aerostación y Aviación, que tendría por cometido la adquisición del material y la instrucción del personal afecto a ambas, es decir, era la partida de nacimiento o la creación orgánica de un Servicio de Aviación que llevaba ya veintitrés meses funcionando.

PARTIDA DE NACIMIENTO DE LA AVIACIÓN MILITAR ESPAÑOLA
Presentado el proyecto en el Consejo de Ministros y analizados detenidamente los motivos por los que el ministro de la Guerra razonaba la necesidad de su aprobación, el proyecto fue favorablemente sancionado por el Rey quien, con fecha 28 de febrero de 1913, firmó el Real Decreto por el que se creaba el Servicio de Aeronáutica Militar.
Con fecha 20 de julio de 1919, el General Echagüe había sido nombrado nuevo Director de Aeronáutica Militar. En este mismo año, el 20 de septiembre fue nombrado el coronel Soriano jefe del Servicio de Aviación.

Jose María Otero de Navascúes y Enríquez de la Sota

16 DE MARZO DE 1907
Nacimiento de Jose M.ª Otero de Navascúes y Enríquez de la Sota.

El 16 de marzo se conmemora el nacimiento de Jose María Otero de Navascúes y Enríquez de la Sota, en 1907, en Madrid. Heredó de su hermano Julio el título de Marqués de Hermosilla, y fue un insigne científico, militar y marino, claro impulsor de la investigación en España.
En 1922, a la edad de 15 años, ingresó en la Academia de Artillería de la Armada., siendo nombrado teniente en enero de 1928, como número uno de su promoción. Sus primeros destinos como científico estuvieron relacionados con el campo de la metalurgia. Sin embargo, sus estancias en el Instituto Politécnico de Zurich y posteriormente en el Instituto de Óptica de Jena y Berlín, entre 1929 y 1933, despertaron su interés por la investigación científica en el campo de la óptica. De regreso a España, en 1934, funda el Laboratorio de Óptica de la Marina, que fue germen del Laboratorio y Taller de Investigaciones del Estado Mayor de la Armada, posteriormente de la Empresa Nacional de Óptica y del Instituto de Óptica Daza de Valdés, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Fruto de sus investigaciones en este campo le llevo a explicar científicamente el fenómeno de la “miopía nocturna”, de gran relevancia en la I y II Guerra Mundial, lo que sin duda le valió como credencial para su ingreso en Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, a la temprana edad de 37 años.
Otro de los campos donde también destacó fue el de la física nuclear. En 1948, se creó la Junta de Investigaciones Atómicas, asumiendo su presidencia, siendo el embrión de lo que más tarde, en 1951, sería la Junta de Energía Nuclear (JEN), cuyo primer presidente fue el General del Ejercito Juan Vigón, ocupando Jose Mª Otero el puesto de Vicepresidente. En esta etapa se encargó de seleccionar a los mejores científicos de España para enviarlos al extranjero a formarse en los principales centros de investigación nuclear.
En 1958 asume la presidencia de la JEN, mandato que se prolonga hasta el año 1974. En el comienzo de este periodo, con la creación del reactor de la Moncloa, primer reactor español, España llegó a ocupar un puesto relevante en el desarrollo de la tecnología nuclear con fines civiles, colocándose inmediatamente por detrás de EEUU, URSS, Reino Unido, Francia y Canadá. Los grandes recortes presupuestarios en la década de los 60, pronto acabaron con esta posición privilegiada y fue relegándose a puestos más modestos. No obstante, durante su mandato al frente de la Junta se alcanzaron importantes hitos en este campo, tales como la creación de la primera fábrica de uranio española (1960); los reactores ARGOS y ARBI (1962); la puesta en funcionamiento de la primera central nuclear española, la central José Cabrera de Zorita en 1968; la central nuclear Santa María de Garona (1971) y la central nuclear Vandellós I (1972).
Entre los muchos puestos de reconocimiento internacional ocupados por Jose Mª Otero cabe destacar el de presidente de la Sociedad Europea de Energía Atómica, presidente del Comité Internacional de Pesas y Medidas, gobernador del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), y presidente de la XV Conferencia General de la OIEA.
Jose M.ª Otero fue un adelantado a su tiempo. A pesar de haber recibido numerosas ofertas internacionales de trabajo, las rechazó ya que su afán era trabajar para el progreso y desarrollo de la ciencia en España. Tenía una visión muy pragmática de lo que debería ser la investigación, desde la básica a la aplicada, el prototipado y la producción, abogando siempre por una esmerada formación del personal y fomentando la colaboración entre centros de investigación, universidades e industria, imprescindible para llegar a tener productos industriales y evitar lo que se conoce como el temido “valle de la muerte”.
En 1983 fallece en Madrid, habiendo alcanzado el grado de Contralmirante Ingeniero de la Armada y numerosos reconocimientos y condecoraciones civiles y militares.

Portada de la Constitución
Título I de la Constitución

19 DE MARZO DE 1812
Promulgación de la Constitución Política de la Monarquía Española: “La Pepa”

“¿Juráis guardar la Constitución política de la Monarquía española que estas Cortes generales y extraordinarias han decretado y sancionado? Y principiando el Sr. Presidente puso la mano sobre los Santos Evangelios diciendo en voz alta: Sí, juro. La misma ceremonia repitieron, de dos en dos, los señores diputados, hecho lo cual, dijo el mismo Sr. Secretario: “Si así lo hacéis, Dios os lo premie, y si no, os lo demande”.
Con estas conmovedoras palabras, recogidas en el Diario de Sesiones de las Cortes de Cádiz, España adquiría la condición de Nación política y los españoles, “de ambos mundos”, la condición de ciudadanos, hace ahora 209 años. Esa misma tarde la Constitución sería proclamada públicamente ante la fachada del Oratorio de San Felipe Neri. La Constitución de 1812, conocida castizamente como “La Pepa”, por su fecha de promulgación, y que comienza con la rotunda invocación (…) “En el nombre de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo (…)”, reconocía la soberanía nacional, establecía la separación de poderes, el sufragio universal masculino y la libertad de prensa, entre otros principios liberales.
De la mano de 702 diputados, provenientes de todos los territorios de la Monarquía Hispánica, de la España peninsular, del Reino de Mallorca, de Canarias y de los territorios ultramarinos, Virreinatos del Río de la Plata, de Santa Fe, y de Nueva España; Capitanías Generales de Chile, Cuba, Guatemala, Puerto Rico, Filipinas, Santo Domingo y Venezuela, todas con el mismo estatus jurídico, España se reinventaba de una manera admirable: la esencia tradicional, histórica, alumbraba un nuevo sujeto, soberano, libre, y en aquel momento en guerra contra el invasor francés, al que desde entonces conocemos como pueblo español.
De los 18 presidentes de las Cortes de Cádiz, 6 fueron mexicanos, 3 castellanos, 2 catalanes, 2 extremeños, 1 peruano, 1 andaluz, 1 mallorquín, 1 gallego y 1 vasco. Representó al Virreinato de Santa Fe el amerindio Dionisio Inca Yupanqui, quien defendió con éxito la inclusión de los indios americanos en la categoría de españoles con plenos derechos, basándose en las Leyes de Indias del Siglo XVI.
La Constitución de Cádiz representa la respuesta a una crisis dinástica y militar, demostrando que la orfandad y el sometimiento a extraños de tan impresionante comunidad “los españoles de ambos hemisferios” nunca había sido una opción aceptable. Estuvo vigente hasta 1814 y luego durante el trienio liberal (1820-1823). A pesar de su exigua existencia constituyó una referencia para el constitucionalismo español durante todo el Siglo XIX, y aún hoy día nos llegan sus ecos a través de la Constitución de 1978. Con toda propiedad nos interpela a los españoles de hoy con el famoso proverbio: “Hay que estar orgulloso de lo que se consigue, y a la altura de lo que se hereda”.

Fortuny. La batalla de Wad Ras. Museo del Prado (Madrid)

23 DE MARZO DE 1873
Batalla de Wad-Ras

La Batalla de Wad-Ras (Vad-Ras o Gualdrás), el 23 de marzo de 1860, durante la guerra de África (1859–1860), tuvo lugar tras la victoria de los Castillejos (1 de enero de 1860), donde el general Prim (enseguida marqués de los Castillejos) sacó todo el jugo guerrero de los batallones catalanes, y la toma de la futura capital del Protectorado español (6 de febrero de 1860) que valió al general O’Donnell el ducado de Tetuán.
D. Leopoldo O’Donnell (presidente del Gobierno y ministro de la Guerra), decidió avanzar hacia Tánger con la fuerza expedicionaria de su mando, una vez que dejó guarnecida y asegurada Tetuán. El 23 de marzo, las tropas mandadas por los generales Rafael Echagüe (que, como Prim, hizo lo propio con los vascos), Antonio Ros de Olano y Juan Prim derrotaron, tras encarnizados combates en el valle de Wad-Ras (Ouad- Ra’s, río afluente del Busceja, que forma el famoso desfiladero del Fondak, camino obligado en la ruta de Tetuán a Tánger), a las fuerzas del Sultán marroquí.
Emprendida la marcha desde Tetuán hacia Tánger, los marroquíes, conocedores de la importancia estratégica del puerto atlántico asomado al Estrecho, intentaron con todas sus fuerzas cerrar el camino y defender encarnizadamente el puente sobre el río Busceja (Bu-Seja) que da acceso al poblado de Amsal, al pie del monte Benider, que flanquea esa importante vía de Tetuán a Tánger, antes de adentrarse en el desfiladero del Fondak.
Tomado a la bayoneta dicho puente por los Cazadores de Cataluña y Madrid, los marroquíes intentaron recobrarlo con fuertes contingentes lanzados a su reconquista. Los españoles resistieron el primer asalto, pero necesitaban urgentes refuerzos para continuar su defensa, por ello, el Comandante en Jefe envió a los batallones de «Voluntarios Catalanes» en apoyo de los Cazadores. Esos Voluntarios, tras la toma de Tetuán, habían adquirido tal reputación de bravura que no estaban dispuestos a perderla y, rebasando a sus jefes y a la primera línea de tiradores, se lanzaron al asalto a la bayoneta contra el enemigo. Cuando regresaron a la línea española, habían perdido la mitad de sus hombres, ataque que consolidó el vital control del puente. Posteriormente, otros contingentes del ejército español fueron coronando, una tras otra, las alturas que dominan el valle de Wad-Ras. El general Prim emprendió la tarea más penosa, luchando contra enemigos fanatizados, suicidas (encorajinados por ser tiempo de Ramadán) y dispuestos a todo para frenar el avance español. Los batallones de Chiclana, Navarra, León y Toledo perdieron la mitad de sus efectivos. Por fin, Prim y Ros de Olano, quedaron dueños de dichas posiciones flanqueantes que aseguraban la llegada al desfiladero del Fondak.
Al amanecer del día siguiente, O´Donnell ordenó reanudar la marcha para explotar el éxito, atravesar el Fondak y llegar a Tánger, cuya toma, estaba seguro, decidiría el conflicto. Pero, cuando los cornetines tocaban marcha, un parlamentario marroquí se dirigió al mando español, primero de los enviados por el Sultán para proponer iniciar las deseadas conversaciones de paz. El 26 de abril de 1860 se firmará en Tetuán el Tratado de Wad Ras que pondrá fin a la Guerra de África. (Fuente principal: Servicio Histórico Militar: Historia de la Campañas de Marruecos. Tomo I. Madrid, 1947. Páginas 305/313, cuya toponimia respetamos).

27 DE MARZO DE 1802
Recuperación de Menorca por España

El 27 de marzo del año 1802 se firmaba, en la ciudad francesa de Amiens, el Tratado mediante el cual se ponía fin a la guerra entre Inglaterra y Francia, así como sus respectivos aliados.
Este «Tratado de Amiens» puso fin a la «Segunda Coalición», esfuerzo coordinado entre varias monarquías para intentar reprimir los efectos de la Revolución Francesa pero, asimismo, dejó algunas cuestiones importantes sin solucionar, como la hegemonía marítima entre Francia e Inglaterra, lo que provocó que las tensiones no cesaran, ya que las monarquías tenían mucho que perder, por lo que este Tratado tan sólo consiguió una tregua breve, de un año, tras la cual Inglaterra organizaría la «Tercera Coalición», declarando de nuevo la guerra a la Primera República Francesa, en 1803, tras la llegada al poder de William Pitt (el joven).
El «Tratado de Amiens» constaba de un total de veintidós (22) disposiciones y contó con la firma de ocho representantes de los países implicados entre los que se contaban, Charles Cornwallis por parte del Reino Unido, José Bonaparte por la República Francesa, José Nicolás de Azara, consejero de Estado del Reino de España y Roger Jean Schimmelpenninck, embajador de la República Bátava (territorio holandés satélite de los franceses), además de representaciones de Portugal y Turquía, con el fin de vigilar sus respectivos intereses.
Una de las disposiciones de este Tratado, en el que se confirmaba la «paz, amistad y buena inteligencia» entre las partes firmantes, consistió en la restitución, por parte de Inglaterra, de todas las conquistas hechas a Francia y sus países aliados, con la excepción de Ceilán (Sri Lanka) y la isla de Trinidad y Tobago, que continuaron bajo dominio inglés. La isla de Elba fue cedida a Francia y la isla de Menorca fue devuelta a España.
La isla de Menorca había sido invadida por Inglaterra en 1708, durante la Guerra de Sucesión, al igual que Gibraltar, y permaneció en manos inglesas hasta 1756, momento en que fue conquistada por Francia.
Inglaterra aprovechó sus años de dominio para convertir Menorca en una pujante base de contrabando además de un baluarte fundamental para sus fuerzas navales. Tras un breve período de dominio francés, de 1756 a 1763, la isla volvió a ser ocupada por Inglaterra hasta que una flota hispano-francesa, formada por 52 navíos y fuerzas de infantería de marina españolas, la recuperó en 1782. Con este motivo, el monarca español Carlos III instituyó la festividad de la Pascua Militar, el 6 de enero, con la finalidad de que sus virreyes, capitanes generales, gobernadores y comandantes militares reuniesen a las guarniciones, en la fiesta de la Epifanía, y notificasen, en su nombre, su felicitación a los jefes y oficiales de los Ejércitos.
Pero no fue éste el último episodio de invasión ya que Inglaterra aprovechó las guerras contra la Francia revolucionaria para hacerse, una vez más, con Menorca en 1798.
El «Tratado de Amiens» dio por finalizado este largo período, de casi un siglo, en que la isla de Menorca, plaza fuerte en el Mediterráneo y objeto codiciado por las potencias del momento que sucesivamente ejercieron su dominio sobre ella, fue al fin devuelta a España y ya nunca más se pondría en cuestión la soberanía española sobre la isla.

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