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Efemérides del mes de enero

Por 01/01/2022 enero 9th, 2022 No Comments
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Esta entrada reúne las efemérides del mes de enero. Se irán publicando conforme avance el mes, procurando que su publicación coincida con la fecha del día.

Pronunciamiento
Ahorcamiento de Rafael de Riego
Rafael de Riego

1 DE ENERO DE 1820
Pronunciamiento de Rafael de Riego en Cabezas de San Juan

«Soldados, mi amor hacia vosotros es grande. Por lo mismo yo no podía consentir, como jefe vuestro, que se os alejase de vuestra patria, en unos buques podridos, para llevaros a hacer una guerra injusta al nuevo mundo; ni que se os compeliese a abandonar a vuestros padres y hermanos, dejándolos sumidos en la miseria y la opresión. (…). España está viviendo a merced de un poder arbitrario y absoluto, ejercido sin el menor respeto a las leyes fundamentales de la nación. (…). La Constitución española, justa y liberal, ha sido elaborada en Cádiz entre sangre y sufrimiento. Mas el rey no la ha jurado y es necesario, para que España se salve, que el rey jure y respete esa Constitución de 1812»
Con estas palabras, que parecen apelar no al deber y al valor, sino al egoísmo, escondiendo quizá intereses tras la cortina de un pretendido constitucionalismo, el teniente coronel D. Rafael de Riego sentenciaba a sus compañeros de armas a la derrota en América, y a sus compatriotas del otro lado del océano a quedar sin Patria, España. Rafael de Riego consiguió forzar a Fernando VII a jurar la Constitución de 1812, inaugurándose así el trienio liberal. Pero este pronunciamiento, que no golpe de estado, (en magistral definición del general Alonso Baquer) tiene también otras lecturas históricas: la recta final de las guerras civiles de emancipación, entre españoles y nativos realistas y criollos independentistas; la influencia de la masonería en la política española; el descenso de España a potencia de segunda fila, después de 1815 tutelada por Francia y amenazada por Inglaterra; y la costumbre de los militares (sobre todo liberales – 33 de los 35 pronunciamientos del siglo XIX fueron de este sesgo) de influir en la política española mediante el uso de la fuerza.
El planteamiento de Riego, y de la masonería a la que él y tantos militares españoles se habían adherido durante sus periodos de cautiverio en Francia reposaba sobre la falacia de que la Constitución de 1812 era el bálsamo necesario para sanar la herida abierta por los conflictos de independencia en los virreinatos americanos. En su interpretación, sería el régimen absolutista de Fernando VII el que alienaba a nuestros compatriotas de ultramar. La realidad es que las primeras proclamas independentistas se produjeron en Nueva España (Ciudad de México) en octubre de 1808, mucho antes de que Fernando VII aboliese la Constitución de 1812 (redactada por cierto entre otros por diputados americanos llegados a Cádiz como representantes de la Nación española). De hecho, las Juntas americanas, creadas a semejanza de las peninsulares tras la invasión napoleónica fueron declaradas en rebeldía por las Cortes de Cádiz al rechazar la nueva planta de la monarquía española, en la que no se reconocía autogobierno a los virreinatos, sino subordinación a las Cortes y la Constitución. Es en 1813, con la constitución vigente y con los franceses aún en España, cuando Bolívar decreta su «guerra a muerte».
En 1820, tras las victorias del general Morillo en Nueva Granada, el problema del levantamiento estaba encauzado, Bolívar derrotado y el refuerzo de la «Grande Expedición» mandada por el general Félix Callejón, Conde de Calderón, que fue hecho preso por Riego evitando su marcha lo formaban 20.000 infantes, unos 3.000 jinetes, 1.300 artilleros y 94 piezas de artillería de campaña. Hubiera sellado la pacificación del virreinato, y probablemente de toda América si Riego no se hubiera interpuesto.
Recuperado el poder absoluto por Fernando VII en 1823, Rafael de Riego, que había sido ascendido a Capitán General, fue condenado por traidor, colgado y descuartizado en Madrid, según relata Galdós, entre los insultos del populacho. Pero el mal ya estaba hecho: en 1824 Ayacucho vio cómo, para tantos españoles del hemisferio occidental, sobre todo indígenas que se mantuvieron leales al rey, se ponía definitivamente el Sol.

Luis Bárcenas Medina

Escuela Naval de San Fernando
Academia de guardiamarinas
Escuela Naval flotante en La Graña
Escuela Naval Militar (Marín). Puerta de Carlos I

1 DE ENERO DE 1845
Se inaugura el Colegio Naval Militar de San Carlos

El 1 de enero de 1845 se inaugura el Colegio Naval Militar en San Carlos, precursor de la actual Escuela Naval Militar de Marín.
Con la llegada al trono del rey Felipe V, en 1700, se abre un nuevo periodo político que apostaba por la renovación de las enseñanzas, con una mayor apuesta por las de carácter técnico y por la ciencia aplicada. También fue una constante preocupación el asegurar el resurgimiento del poderío marítimo. Fruto de ello fueron los importantes planes de construcción naval de la época y la preocupación por dotar a los oficiales de la Real Armada de una formación más científica, unificando su procedencia.
Así en 1717 se crea la Real Compañía de Guardiamarinas, estableciéndose su sede en Cádiz, en el barrio del Populo, donde permaneció hasta que en 1769 se traslada a la isla de León (San Fernando-Cádiz). La estructura de la Real Compañía de Guardiamarinas constaba de dos partes bien diferenciadas, la parte militar que era la propia Compañía y la parte formativa que constituía la Academia.
En este periodo uno de los personajes que más impulsó el nivel científico de la formación de los oficiales de la Real Compañía de Guardiamarinas fue el marino y científico Jorge Juan Santacilia, que introdujo nuevas tendencias traídas de Europa e impulsó la creación de un observatorio astronómico, el actual Real Instituto y Observatorio de la Armada, que daba apoyo a la formación de los guardiamarinas.
En 1776, ante la alta demanda de oficiales para dotar a los buques de la Armada, se crean dos nuevas compañías, la de Ferrol y la de Cartagena, supeditadas a la de la Isla de León, que estuvieron en servicio hasta el año 1824, en que fueron refundidas de nuevo en la compañía matriz. Al año siguiente se establece en el Arsenal de la Carraca el Colegio Real y Militar de Caballeros Guardiamarinas, con una vida muy efímera, ya que se cerró en 1828 por problemas económicos, aunque continuó aplicándose su reglamento. A partir de ese momento y hasta 1844 la formación se hacía en centros autorizados ajenos a la estructura de la Armada. Los que pasaban los exámenes y tras un periodo de embarque de seis años eran promovidos al empleo de Alférez de Navío.
En 1841 se creó la clase de aspirante de Marina, figura que ha perdurado hasta el actual plan de formación.
Tras este paréntesis en la formación de oficiales, en 1844 se toma la decisión de crear el Colegio Naval Militar en San Carlos, frente al Arsenal de la Carraca, que se inauguraría el 1 de enero de 1845, una vez finalizadas las obras de adaptación del edificio Carlos III, y que permaneció en servicio hasta el año 1867, en que se cerró por exceso de guardiamarinas y por problemas de la hacienda pública que por aquel entonces pasaba por malos momentos.
Sin embargo, dos años más tarde el ministro de Marina Juan Bautista Topete, establece la Escuela Naval Flotante a bordo del buque pontón fragata Asturias, en Ferrol, actuando como tal hasta el año 1907, en que se suprime de nuevo el ingreso en la Escuela Naval.
En 1911 se decide que la actividad docente y formativa de los guardiamarinas vuelva de nuevo a San Fernando, continuando con la denominación de Escuela Naval Militar. El nuevo centro, en el Apostadero de Cádiz, es inaugurado el 10 de enero de 1913 por el ministro de Marina, don Amalio Gimeno y Cabañas, permaneciendo activo hasta el año 1943 en que la Escuela Naval Militar es trasladada a su actual ubicación en la ría de Marín (Pontevedra), en la antigua Escuela de Tiro Naval Janer, quedando inaugurada el 15 de agosto de dicho año.
El establecimiento del Colegio Naval Militar en San Carlos supuso un gran revulsivo para dicha población militar, contribuyendo a su desarrollo y a la finalización de obras que durante muchos años habían estado estancadas.

Jesús Manrique Braojos

Francisco Pradilla y Ortiz. "Rendición de Granada"

2 DE ENERO DE 1492
Rendición de Granada a los Reyes Católicos

En diciembre de 1481, Abu-I-Hasan, padre de Boabdil, rompió la tregua que tenía firmada con los Reyes Católicos apoderándose de la ciudad de Zahara. Esto sirvió de pretexto para que los Reyes iniciaran la campaña de conquista del Reino de Granada. En abril de 1491, los ejércitos cristianos penetran en la Alpujarra, bajando hasta la vega e inician la fundación de la villa de Santa Fe, que serviría como base logística para el final de la campaña. Tras cerrar el cerco a la ciudad de Granada se iniciaron negociaciones con la corte de Boabdil, ahora al frente del reino tras desterrar a su padre, para la rendición y entrega de la ciudad, último reducto en poder de los nazaríes. El 25 de noviembre de 1491 se firmaron las conocidas como «Capitulaciones de Granada» con condiciones muy generosas para con los vencidos. Finalmente, el 2 de enero de 1492, diez años después del inicio de la campaña, el rey Boabdil entregó la ciudad a Isabel y Fernando. Se acababa con el último reducto musulmán en la península y se ponía fin a casi 800 años de reconquista.
El momento de la rendición fue inmortalizado en el cuadro pintado por Francisco Pradilla y Ortiz en 1878 por encargo del presidente del Senado. Pradilla, que había adquirido fama con su obra maestra Juana la Loca, llegó a ser director de la Academia de España en Roma y posteriormente director del Museo del Prado
El cuadro representa a Isabel y Fernando a caballo y detrás de ellos las tropas cristianas. Enfrente se encuentra el rey Boabdil, también a caballo, entregando las llaves de la ciudad. Al fondo, Granada. Detrás de las tropas el pintor hace una referencia a la obra de Velázquez de la Rendición de Breda, con un grupo de lanzas recortándose contra el cielo. El cuadro continúa hoy expuesto en la Sala de Conferencias del edificio del Senado.

Juan Bosco Valentín-Gamazo de Cárdenas

Escudo de la universidad
Capitán Jerónimo de Aliaga
Correos de España. Sello (1979). Universidad de San Marcos

2 DE ENERO DE 1553
Inauguración de la Universidad de San Marcos de Lima

España tiene el ilustre privilegio, que no ostenta ningún otro país, de haber fundado la primera universidad en dos continentes distintos: América y Asia. En este último continente la Monarquía hispánica fundó en 1611 la Universidad de Santo Tomas en Manila, la primera de Asía, y en América fundó la universidad de San Marcos de Lima en 1551, un siglo antes que las primeras inglesa o francesas en ese continente, la de Harvard en 1636, y la de Quebec en 1663. Cuando la universidad de Harvard se fundó, ya existían 14 universidades españolas en el Nuevo Mundo.
Tan pronto se «pacificó» el territorio surgió la necesidad de contar en el Perú con una Universidad, para que los jóvenes pudieran seguir estudios superiores. A tal efecto, el Cabildo municipal de Lima, facultó al dominico Fray Tomas de San Martin y al capitán Jerónimo de Aliaga, a quienes se tiene por cofundadores, para «suplicar a su magestad tenga por bien e haga merced que en el monasterio de los domynycos desta ciudad aya estudio general con los privilegios y esenciones y capitulaciones que tiene el estudio general de Salamanca».
Se autorizó por Real Cedula de 12 de mayo de 1551, refrendada por el Rey Carlos y su madre Juana de Castilla en Valladolid, lo que se denominó «Studio General y Real Vniversidad de la ciudad de los Reyes» (Lima) con «los mismos privilegios, franquezas y libertades que tiene el Estudio y Universidad de la Ciudad de Salamanca», que era la de mayor prestigio de España y de la que copió sus constituciones.
Inició sus clases el 2 de enero de 1553, en el Convento de Nuestra Señora del Rosario de la Orden de los Dominicos, bajo la dirección de dicha Orden religiosa. Inicialmente se impartían clases en las celebres cuatro Facultades: Cánones, Leyes, Teología y Artes. Poco después se creó la de Medicina. En el año 1571 la universidad se seculariza y deja de estar bajo el patrocinio de los dominicos y, paradójicamente, se le agrega el titulo de Pontificia por el breve Exponi nobis del papa Pio V.
En 1574, por sorteo entre los cuatro evangelistas, se elige a San Marcos como patrono de la Universidad, que pasa a llamarse «Estudio General o Real y Pontificia Universidad de San Marcos de la ciudad de los Reyes del Perú» Con el tiempo se van añadiendo Facultades como Lengua, Anatomía, Ciencias Naturales, Matemáticas, y más modernamente, Biología, Farmacia y otras más, hasta completar un número superior a veinte en la actualidad.
Además de tener a un militar español como cofundador, el capitán Jerónimo de Aliaga, la Universidad San Marcos de Lima fue protagonista de un hecho militar poco conocido, ya que con ocasión del ataque holandés del almirante L´Hermite de Clerk en mayo de 1624, los alumnos constituyeron una compañía para vigilancia y defensa de las costas del Callao.
Con la Emancipación cayó en desuso su carácter Real y en 1876 dejó de ser Pontificia. En 1946 adopta el nombre oficial actual: «Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima». La Decana de América, como se conoce a la Universidad San Marcos, ha tenido a lo largo de sus 470 años una gran importancia docente cultural y social, no solo en Perú, sino en toda Sudamérica, habiendo pasado por sus aulas los más importantes profesionales, políticos y escritores del Perú.
Entre sus alumnos se encuentran Pablo de Olavide, que da nombre a una universidad sevillana, o Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura. También ha otorgado Doctorados Honoris Causa a eminentes personalidades mundiales, como Javier Pérez de Cuellar que fue Secretario General de la ONU, o al papa San Juan Pablo II.

Tomas Torres Peral

Casimiro Vigodet

2 DE ENERO DE 1878
Fallece D. Casimiro Vigodet

Este día falleció en Madrid, el capitán general de la Armada, D. Casimiro Vigodet y Garnica.
Nacido en Ferrol el día 7 de diciembre de 1787, hijo del capitán de fragata D. Casimiro Vigodet, natural de Mataró, y de Dª. Maria Dolores Garnica, natural de Ferrol.
D. Casimiro sentó plaza en la Real Compañía ferrolana el día 18.01.1800. Le había precedido, en la misma Compañía, su hermano D. José, que falleció a bordo del Real Carlos, el 13.07.1801, en el trágico encuentro entre dicho buque con el San Hermenegildo, y le siguió su hermano D. Juan que sentó plaza en Ferrol el 09.07.1802, apenas cuatro días antes de la muerte de su hermano mayor.
Embarcado en los navíos Castilla, y después en el San Antonio, realizó varios cruceros por el Mediterráneo.
Ascendido a alférez de fragata, asistió, a bordo del San Ildefonso, al combate de Trafalgar, donde fue hecho prisionero y, tras grandes penalidades, fue puesto en libertad el 05.11.1806, siendo entonces ascendido a alférez de navío. Desembarcado, como casi la totalidad de los oficiales de Marina, para combatir en tierra durante la Guerra de la Independencia, estuvo presente en las batallas de Espinosa de los Monteros y San Pelayo, siendo ascendido a teniente de navío por méritos de guerra. Embarcado en la corbeta Descubierta, pasó enseguida al navío Asia que salió para El Callao de Lima con tropas.
Ascendido en 1817 a capitán de fragata y en 1825 a capitán de navío, mandó (en aquel periodo de total penuria de la Marina) la fragata María Cristina, operando en la primera guerra carlista. En 1836 ascendió a brigadier y en el 1839, ascendido a jefe de escuadra, renunció al cargo de secretario de estado de Marina, Ultramar y Comercio.
En 1844 marchó de comisión de servicio a Londres para estudiar los adelantos de la construcción naval e inspeccionar la construcción de los vapores Pizarro, Cortés y Colón, encargados a empresas inglesas.
En 1849 fue nombrado capitán general del Departamento de Cádiz y en 1852 ocupó la cartera de Marina, ascendiendo después a Capitán General de la Armada en fecha 24.11.1858, cuando, debido a los reglamentarios abonos, llevaba 60 años de tiempo de servicio efectivo.

José María Blanco Núñez

Toma de posesión del Director General de Seguridad, general De la Barrera. “El Mundo Gráfico”, 12 de enero de 1916

4 DE ENERO DE 1916
Nombramiento del general de brigada Manuel de la Barrera Caro como Director General de Seguridad

Tras el intento fracasado de su implantación entre 1886 y 1888, la Dirección General de Seguridad -primera denominación de la actual «Dirección General de la Policía», que estaba encargada de «la organización y ejecución de los servicios que comprende la Policía gubernativa»-, fue restaurada por Ley de 30 de diciembre de 1912. Como titular del nuevo centro directivo se designó a D. Ramón Méndez Alanís. El flamante Director General de Seguridad era Auditor de División del Cuerpo Jurídico Militar y, entre enero de 1909 y noviembre de 1910, había desempeñado el cargo de Jefe Superior de Policía de Madrid. Méndez ejerció el cargo de Director General de Seguridad hasta el 5 de diciembre de 1915, fecha en la que falleció.
Para sustituir a Méndez Alanís se eligió a otro militar, que en este caso presentaba una hoja de servicios más directamente relacionada con la seguridad pública española. Como era ya costumbre en los distintos regímenes de cualquier color político, el Gobierno volvía a confiar a la Guardia Civil los principales puestos de responsabilidad en las instituciones civiles de seguridad pública.
Manuel de la Barrera Caro y Fernández, cuyos primeros pasos en la milicia los realizó en Infantería, pasó a pertenecer al Cuerpo de la Guardia Civil en febrero de 1884, con el empleo de capitán. Conocedor de la isla de Cuba por sus antecedentes profesionales, de la Barrera fue destinado a los Tercios de la Guardia Civil de la isla, prestando en un primer momento sus servicios en la Comandancia de Cuba, tras lo que ejerció el mando de un Escuadrón de la Comandancia de Vuelta Abajo.
De vuelta a territorio peninsular desde febrero de 1890, en junio pasó destinado a la Comandancia de Málaga, ascendiendo a comandante en enero de 1894 y pasando a prestar servicio como segundo Jefe de la Comandancia de Cádiz. En septiembre del mismo año fue nombrado segundo Jefe de la Comandancia de Vuelta Abajo, en Cuba, pasando a desempeñar el mismo cargo en la Comandancia de La Habana en julio de 1895. En mayo de 1896 se le designó en comisión para desempeñar los cargos de Jefe de Policía de la provincia de la Habana y del Cuerpo Militar de Orden Público, a la vez que desempeñaba, desde agosto, las funciones de Secretario de la Subinspección de la Guardia Civil de Cuba.
Ascendido a teniente coronel de la Guardia Civil en 1897, en octubre de dicho año regresó a la península, y en mayo de 1898, se le confirió el mando de la Comandancia de Teruel, hasta su traslado como primer Jefe de la Comandancia de Cádiz en el mes de julio. En octubre siguiente pasó a ejercer el mando de la Comandancia de Sevilla, y en agosto de 1898 ascendió a coronel, haciéndose cargo del mando del 4º Tercio, con sede en Sevilla.
El 25 de enero de 1911 ascendió al empleo de general de brigada, quedando en situación «de cuartel». En esa época, en la Guardia Civil prestaban sus servicios dos oficiales generales del Ejército, si bien no tenían por qué proceder de la propia Guardia Civil. El primero era el Director General, de empleo teniente general; el segundo, el Secretario de la Dirección General, cargo que tradicionalmente fue desempeñado por un brigadier (empleo denominado general de brigada desde 1889).
Aunque en esas fechas los coroneles de la Guardia Civil que acreditaban los méritos adecuados pasaban, una vez ascendidos al empleo de general de brigada, a formar parte del Estado Mayor Central del Ejército, el ascenso de De la Barrera al generalato no impidió que siguiera prestando servicio en la Guardia Civil pues, aunque el cargo de Secretario de la Dirección General estaba ocupado por el general de brigada (procedente de Caballería) D. Víctor Sánchez Mesas, el Director General Martitegui estableció, en el seno de la Dirección General, «un servicio especial de inspección», al que nombró como Jefe al general De la Barrera con fecha 29 de marzo de 1911. El nuevo cargo sería responsable de realizar revistas de inspección a las diferentes Comandancias y Tercios de la Guardia Civil, a fin de verificar su estado de instrucción y adecuación a las directrices impartidas por el Director General.
Sin abandonar la Guardia Civil, en febrero de 1913 De la Barrera fue nombrado Secretario de la Dirección General del referido cuerpo hasta que, el 4 de enero de 1916, fue designado para desempeñar el cargo de Director General de Seguridad, siendo ascendido a general de división el 23 de julio de dicho año.
Durante su mandato al frente de la Dirección General de Seguridad, su condición de guardia civil le facilitó grandemente el ejercicio de su autoridad -consecuencia de su consideración de Jefe de los servicios de la provincia de Madrid- sobre los servicios de las Unidades de la Guardia Civil con base en la capital. De igual manera, sus antecedentes al frente del Cuerpo Militar de Orden Público de Cuba y de la Jefatura de Policía de La Habana le allanaron el ejercicio del mando sobre la Policía Gubernativa.
Los problemas de orden público surgidos en la Andalucía de 1919 aconsejaron la designación, en comisión especial, del general De la Barrera a dicha región, «para asumir la dirección de los servicios relacionados con el orden público». Esta circunstancia haría que el Director General de Seguridad dimitiera de su cargo, centrándose en su actividad en Andalucía. Finalmente, y por imperativo de la edad, dejaría el servicio activo el 7 de diciembre de 1919.
El ejemplo del general De la Barrera facilitaría la primera plantilla de Oficiales generales de la Guardia Civil procedentes del propio cuerpo. Así, como consecuencia de la plantilla de 3 generales de brigada asignados a la Guardia Civil por la Ley de Bases para la Reorganización del Ejército, mediante una Real Orden de 11 de diciembre de 1918 se establecieron, como vacantes propias, las de un general de brigada Secretario de la Dirección General de la Guardia Civil y dos generales de brigada Inspectores, teniendo los tres una dependencia directa del Director General. Desde ese momento podrán observarse uniformes de la Benemérita que lucen las divisas del generalato.

José Félix González Román

Despegue del modelo C.4 el 9 de enero de 1923
Alzado del modelo C.4
Réplica modelo C.6 (Museo del Aire- Madrid)

9 DE ENERO DE 1923
Juan de la Cierva realiza el primer vuelo en autogiro en el aeródromo de Getafe

El día 21 de septiembre de 1895 nacía, en la ciudad de Murcia, Juan de la Cierva Codorníu, hijo de Juan de la Cierva Peñafiel y de María Codorníu Bosch. Su padre era, en aquellas fechas, alcalde de Murcia y dirigente destacado del partido conservador, lo que le llevó a ser diputado a Cortes en todas las legislaturas de 1896 a 1923, Director General de Registros y Notariado (1902), gobernador civil de Madrid (1903) y, posteriormente, Ministro de Instrucción, de Gobernación, de Guerra, de Hacienda, de Fomento y Guerra y, finalmente, de Fomento en el último gabinete de la Monarquía (1931).
Juan heredaría de su padre la firmeza de carácter y la enorme capacidad de trabajo y de su abuelo paterno, notario de la ciudad de Murcia, una importante cantidad de dinero que utilizaría para sus primeras experiencias aeronáuticas.
Nunca fue al colegio, estudiando en casa y examinándose siempre como alumno libre. Su padre quería para sus hijos una magnífica educación, que siempre creyó que podían obtenerla en casa con profesores particulares, además de un preceptor, el padre Carlos, que les enseñaría francés, cuyo dominio le permitió leer todas las publicaciones que, a partir de 1903, relataban el primer vuelo de los hermanos Wright además de imbuirle una personalidad racionalista (base para el desarrollo posterior del autogiro). Otro hecho que marcó a Juan fue el conocimiento del paso del Canal de la Mancha, el 25 de julio de 1909, de Blériot con su aeroplano lo que le llevaría al intento de emulación de dicha hazaña (diecinueve años después, el 18 de septiembre de 1928, un autogiro de Juan de la Cierva, haría el mismo viaje, acompañado por Henri Bouché).
Tan solo un año o dos después de los vuelos de los hermanos Wright, comencé a hacer mis propios experimentos en Madrid… construimos cometas y posteriormente nos atrevimos a más. Comenzamos a construir planeadores consiguiendo nuestro primer éxito con un monoplano cuya tracción era suministrada por los chicos del barrio que tiraban de una cuerda… El aparato volaba tan bien que me vi presionado por mi hermano que no encontraba razón para no volarlo…
Todo lo anterior lo escribía Juan poco antes de que dicho monoplano, tras alcanzar una altura de cincuenta pies, cayera al suelo con la misma velocidad con la que había subido y acabaran aquí sus experimentos con planeadores.
Para entonces, 1912, ya estaba formada la sociedad BCD, con su compañero de estudios José Barcala y con Pablo Díaz, hijo de un carpintero, que logró, cuando Juan contaba con tan sólo dieciséis años, construir y hacer volar un avión biplano (llamado BCD-1) llamado «El Cangrejo», con piloto y pasajero, y, posteriormente, el BCD-2.
Juan inicia la carrera de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, como estudios más próximos a sus inquietudes, aunque siempre se consideró «ingeniero» a secas, hasta que en 1929 se le concediera, por sus méritos, el título de Ingeniero de Construcciones Aeronáuticas, por la Escuela Militar de Ingenieros Aeronáuticos.
1919 es un año importante para Juan. El 1 de junio es elegido diputado, junto a su hermano Ricardo, escaño que conservará hasta 1923; termina la carrera con un proyecto de avión bombardero que se estrella nada más emprender el vuelo y contrae matrimonio con María Luisa Gómez-Acebo, con la que tendrá siete hijos.
En 1920 Juan construye en Madrid su primer autogiro, el Cierva C.1, para lo que utiliza fuselaje, ruedas y estabilizador vertical de un monoplano francés Depperdusin. Este C.1 no llegó a volar pues el rotor inferior giraba a menor velocidad de la prevista y el efecto giroscópico y la asimetría de la sustentación hicieron volcar el aparato.
A este C.1 siguieron dos construcciones también fallidas, el C.2 y el C.3, en las que el inventor trató, sin conseguirlo, resolver la diferencia de sustentación entre la pala que avanza y la que retrocede. El problema continuó hasta que en el prototipo C-4 La Cierva incluyó su idea revolucionaria de articular las palas de rotor en su raíz.
El C.4 realizó una completa serie de ensayos en el túnel de viento del aeródromo de Cuatro Vientos, el mejor de Europa por aquel entonces.
El C.4 corregido se probó con éxito el 9 de enero de 1923, en el aeródromo de Getafe, pilotado por el teniente Alejandro Gómez Spencer. Dicho vuelo consistió en un «salto» de 183 metros pero demostró la validez del concepto. A finales de ese mes el C.4 recorrió, en cuatro minutos, un circuito de 3,5 kilómetros a una altura de 30 metros. A partir de ese momento, La Cierva, que había financiado sus experimentos con sus propios fondos, contó para sus trabajos con una subvención del gobierno español.

José Emilio Roldán Pascual

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