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Rubens pintó el cuadro “Minerva protege a Pax de Marte” en Londres, en 1629, durante una misión diplomática de paz en nombre de España con Inglaterra y lo regaló al rey Carlos I. El cuadro representa a Minerva, diosa de la sabiduría y de las artes, en el acto de alejar a Marte, dios de la guerra, mientras delante de ellos está la figura desnuda de Pax. El autor, de manera muy inteligente, sitúa a Minerva haciendo su trabajo ‘en la sombra’.

Tiempo antes, en 1623, siendo Carlos I aún el Príncipe de Gales, acompañado por el duque de Buckingham y algunos miembros de la nobleza inglesa, viajó a Madrid de incógnito para conocer a la Infanta María, hermana de Felipe IV, con quien el Príncipe deseaba casarse. Las negociaciones matrimoniales fracasaron, pero la visita dejó un enorme poso en ambas cortes: el joven Monarca español estuvo en contacto estrecho con uno de los coleccionistas de arte más afamados y exigentes de su tiempo, el Príncipe de Gales, quien a su vez quedó profundamente impresionado por los tesoros de las Colecciones Reales españolas. Entre otras cosas, se llevó a Inglaterra el retrato de Carlos V con perro de Tiziano, que le ofreció Felipe IV como regalo de despedida.

Los constantes viajes de Rubens a la corte de Madrid, además de aportarle numerosos encargos artísticos, le permitieron entablar una fuerte amistad con Felipe IV, un gran amarte del arte a quien sirvió fielmente como pintor, como espía y como diplomático.

Es en esta etapa cuando uno de los contactos de Rubens (concretamente, un embajador de Dinamarca en los Países Bajos rebeldes) le puso al corriente del interés del rey de Inglaterra, Carlos I, por iniciar negociaciones de paz con la Monarquía Hispánica. El pintor se lo dio a conocer a Isabel Clara Eugenia en Bruselas y ésta se lo hizo saber a su sobrino Felipe IV. El resultado fue un nuevo traslado a Madrid para ponerse al servicio del monarca, para quien encabezó una misión diplomática a Londres. En la capital inglesa, Rubens espió para Felipe IV y pintó para Carlos I, gran apasionado de la pintura, hasta que finalmente fue armado caballero por los dos reyes, el inglés y el español.

El culmen de la carrera política del pintor se produjo con su nombramiento para el cargo de secretario del Consejo de Flandes por parte de Felipe IV, que desempeñó de forma vitalicia y transmitió a su hijo tras su fallecimiento, ocurrida en 1640 en Amberes.

 

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